viernes, 22 de mayo de 2026

Maravillosa Debilidad Humana


MARAVILLOSA DEBILIDAD HUMANA.

No me pidáis la sonrisa.  
No hoy.  
No siempre.  
No como un deber,  
como una bandera limpia  
que deba izarse cada mañana  
aunque el alma esté rota.

No.  

Dejadme estar triste.  
Dejadme llorar lo que duele,  
lamer la herida,  
sentarme en el borde del día  
con la melancolía entre las manos como quien sostiene  
un pájaro muerto.

Porque ahora vienen todos,  
los vendedores de humo,  
los profetas del bienestar,  
los que gritan en todas las esquinas:  
“¡Sé feliz!  
¡Sé fuerte!  
¡No sufras!”  
Y yo los miro  
y me río por dentro,  
porque no saben  
que la tristeza también cura,  
que también enseña,  
que también sostiene.

Esta es la verdad:  
el hombre que no llora se pudre.  
El que esconde la pena  
bajo la alfombra  
termina viviendo  
con un animal salvaje  
encerrado en el pecho.

Yo no.  
Yo quiero mi sombra.  
Quiero mi noche.  
Quiero mi desánimo limpio,  
mi dolor sin maquillaje,  
mi melancolía antigua  
que huele a tierra mojada  
y a memoria.

Porque esta sociedad — esta sociedad light,  
de plástico, de sonrisa obligatoria,  
de alma en oferta — no tolera la debilidad humana.pero yo sí.  
Yo la abrazo, la nombro, la defiendo.

Y si un día vuelvo a ser feliz,  
que sea porque he llorado antes,  
porque he tocado fondo,  
porque he sido humana  
hasta las últimas consecuencias.