sábado, 25 de abril de 2026

ELLA AMA DESDE EL LIENZO DE SU CARMIN






 
Ella ama desde el lienzo de su carmín,  
calla en la espera de los labios que la dibujan,  
entrega con el alma saliéndose por su boca;  
ya no espera ni se queja, sólo se aleja.

Y camina,  
como quien lleva el pecho lleno de estaciones,  
con la raíz temblando todavía en la memoria  
y un puñado de luz guardado en los bolsillos.

Sabe del viento  
que deshace los nombres en la tarde,  
del agua que insiste  
aunque la piedra calle,  
del silencio que a veces es un hogar  
y otras un filo.

Pero sigue,  
porque en su paso crece la tierra,  
y cada huella es un latido que se abre,  
una promesa que no pide nada,  
un gesto de pan para los días que vienen.

Y si mira atrás,  
no es por nostalgia,  
sino para agradecer la sombra  
que la sostuvo cuando ardía,  
el rumor antiguo que aún la nombra  
sin poseerla.

Avanza así,  
con la dignidad de quien se entrega sin rendirse,  
con la ternura de quien aprendió a perder  
sin perderse,  
con la certeza humilde  
de que todo lo amado deja un resplandor  
que no se apaga.